Música

El sueño loco de Donnie y Joe Emerson

Cuando a finales de los años 70 Don Emerson Sr. compró un tractor con radio no imaginaba el efecto que aquello iba a tener en sus hijos. Aislados en el diminuto pueblo de Fruitland, Donnie y Joe Emerson eran unos adolescentes que ocupaban buena parte de su tiempo en los trabajos habituales en una granja de gran tamaño. Pero la radio lo cambió todo. Donnie se subía al tractor y pasaba horas embobado con lo que salía por el altavoz, Smokey Robinson, The Commodores, Marvin Gay, lo que fuera. Como otros chicos de su edad, se imaginaba a sí mismo convertido en una estrella de la música, pero a diferencia de los que solo hacen el tonto con una escoba a modo de micrófono, él comenzó a componer sus propias canciones y a interpretarlas con su hermano Joe. Tanta dedicación le ponían ambos, que su padre decidió dotarles de un estudio propio donde tocar y grabar su música. Se gastó 100000 dólares en construirlo y equiparlo de tecnología puntera. Su fe en el talento de sus hijos era tan grande como las tierras que tuvo que hipotecar para hacer semejante gasto.

Joe y Donnie correspondieron. Pasaban horas cada día metidos en el estudio, y al cabo de un tiempo salieron con un disco al que pusieron el acertado título de Dreamin’ Wild. En la portada salían ellos, con 19 y 17 añitos, vestidos con trajes blancos de estilo Elvis, cuellos altos y nombres bordados en las pecheras desbocadas. ¿Era el comienzo del estrellato? Más bien no. Por salvajes que fueran los sueños de los dos hermanos, las pocas copias que su madre, vendedora improvisada, logró colocar aquí y allá no obtuvieron repercusión alguna.

Hasta el 2008, cuando un coleccionista de vinilos llamado Jack Fleischer se topó con uno de los discos e intrigado por la carátula lo compró por cinco dólares. Fue escucharlo y sentir unas ganas locas de que todo el mundo se enterara de lo buenos que eran esos chicos. Sin su entusiasmo Ariel Pink no habría hecho una versión de «Baby», una de las canciones creadas por Joe y Donnie, ni Light in the Attic habría relanzado Dreamin’ Wild en el 2012. Dos años después, un nuevo disco, Still Dreamin’ Wild, recuperó doce canciones más de las setenta grabadas por los hermanos, y probó así que a veces los sueños se toman con mucha parsimonia eso de hacerse realidad. Para entonces, Joe y Donnie eran ya cincuentones, y los trabajosos pagos de la hipoteca habían dejado reducidos los 1500 acres de la granja Emerson a unos 60.

Mejor tarde que nunca, en todo caso. La foto de Joe y Donnie Emerson con sus trajes horteras podría haber acabado en una de esas antologías de las peores cubiertas de discos, pero condensa a la perfección la magia adolescente de Dreamin’ Wild. Creer que todo es posible, ser ingenuo y omnipotente, caer a ratos en una melancolía somnolienta y en euforias sin pagaré. ¿Por qué si no ibamos a añorar siempre esos años? «Feels so good walking side by side / Wanna be with you all my life / Oooh baby, yes oh baby».

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