Artes visuales·Feminismo·Gatos

Carolee Schneemann: el gato como medio artístico

EL GATO EXUBERANTE

Al pueblo de Fox Chase, en Pensilvania, le pusieron ese nombre por la posada abierta allí en 1705. La posada, a su vez, fue bautizada de ese modo por la gran cantidad de cazadores de zorros que visitaban la zona. La niña, Carolee, ha nacido aquí. Corretea por los campos y a veces se esconde en ellos de la mirada adulta. ¡Qué niña tan ocupada! Tiene lugares que visitar en momentos concretos del día, rituales propios que desarrollar y árboles con los que mantenerse en contacto como sea. Algunos adultos le han puesto un apodo, panteísta loca. Ojalá panteísta, confía Carolee, signifique pantera hembra. Cuando alguien al fin le explica, se siente un poco decepcionada pero no demasiado sorprendida. Al anochecer se esconde en un estanque que su madre ha llenado de flores silvestres, y se protege de ese modo de la crudeza con que el día se convierte en noche. A plena luz del sol, sin embargo, es más osada. Juega a la gallinita ciega con el niño católico de la granja vecina, y lo escandaliza dándole sus primeros besos en la boca. En el incipiente imaginario erótico de Carolee aparecen elementos humanos tanto como animales. Tan próximos estos, tan francos, como los grabados de la Anatomía de Gray que su padre, médico rural, guarda en su despacho. Las voces del consultorio llegan con claridad hasta sus oídos. «¿Cuándo fue la última vez que menstruó?», dice la voz del padre. La paciente, una mujer de mediana edad, no entiende esa palabra. «Ah, la sangre», dirá tras la explicación de él. Carolee no tiene miedo ni asco a la sangre. El cuerpo es un misterio gozoso.

 

Dibujo infantil de Carolee Schneemann, El gato exuberante
El gato exuberante

 

KITCH

«Tengo un recuerdo infantil de estar gateando por el suelo y toparme con algo completamente maravilloso que me hizo chillar de entusiasmo. Era mi primer gato». Así como a otras personas una palabra, el mar o una onza de chocolate, aquel primer gato le hizo a Carolee Schneemann tomar consciencia por vez primera de ser y desear. A los cuatro años realizó un dibujo que de adulta tituló El gato exuberante: los trazos infantiles representan al animal saliendo de algo parecido a una caja, con esa energía tan felina, como de resorte. Quizás ese dibujo no anticipaba que la niña se convertiría en artista, porque todos los niños dibujan, pero sí lo importantes que iban a ser los gatos en su vida y su obra. Ahí es donde entra Kitch. La gata Kitch no es aquel gato primigenio que motivó el chillido apasionado del bebé, pero sí quien inauguró a lo grande la «obra en gato» de Carolee Schneemann.

Pero situémonos: Corrían los años 60 y Schneemann estaba rodeada de artistas fundamentalmente masculinos. Aunque no encontraba nada de qué avergonzarse, percibía que la mirada que ellos le dedicaban venía desde arriba, pocas veces en un plano de igualdad. Aquella sensación se agudizaba como colaboradora en la obra de estos hombres (Nude Bride de Claes Oldenburg, Site de Robert Morris o Cat’s Cradle de Stan Brakhage), donde se notaba reducida al mero papel de maniquí, ponerse así, moverse asá, articular unos miembros que se resistían a ser de plástico. Por otro lado, sus obras eran recibidas de forma muy crítica: si se mostraba audaz la juzgaban demasiado masculina, si usaba su cuerpo desnudo los ataques eran feroces. En 1965 se grabó en super-8 a sí misma y a su novio, el músico James Tenney, durante sus relaciones sexuales. La película, Fuses, con sus fotogramas velados con pintura, parece captada desde la mirada de Kitch, a quien se ve a veces observando a los amantes, sin vergüenza y con una curiosidad que a ratos disputa algo más interesante al otro lado de la ventana. La obra no se queda en lo escandaloso, es, según sus detractores, autoindulgente, narcisista y pornográfica. ¿No será, se pregunta a medias Carolee Schneemann (a medias porque ya conoce la respuesta), que el sexo es más escandaloso cuando es una mujer quien habla de él en primera persona?

Con Fuses Schneemann inicia una trilogía autobiográfica que continúa con Plumb Line (1968-72) y finaliza con Kitch’s Last Meal (1973-76). Esta última película, iniciada cuando Kitch tiene 16 años y su muerte parece inminente, acabó por alargarse tanto como la vida de la gata. Durante tres años la artista documentó su vida cotidiana con su nueva pareja, Alexander McCall, y grabó las comidas de Kitch, cualquiera de las cuales podía ser la postrera. Fue precisamente durante una de ellas cuando la gata murió, atragantada, pero su presencia en la obra de Schneemann aún se prolongó un poco más. En la performance Up to and Including Her Limits (1976), contestación a un expresionismo abstracto donde sólo los hombres parecen merecer atención, Carolee Schneemann realiza desnuda trazos en tres paredes de lienzo, suspendida por un arnés. El cadáver de Kitch, ligeramente disecado, está presente sobre una pequeña mesa. Años más tarde, durante una retrospectiva de sus películas, Carolee Schneemann preguntó al público qué función creía que cumplía la gata en esa performance. Una tímida mujer de la última fila dio la clave: «The cat is your medium». El gato es tu medio. Medio en el sentido de técnica así como de sustancia que altera las propiedades de la pintura, no en vano Schneemann nunca ha dejado de considerarse pintora. Podríamos también estirar un poco el significado de la palabra «medium» en este contexto: aquel ser capaz de poner en comunicación dos planos de realidad distintos.

 

Carolee Schneeman y Kitch en Up To and Including Her Limits
Carolee Schneeman y Kitch en Up To and Including Her Limits

 

CLUNY

De una camada de cinco gatos nacidos de su gata Wicca, uno, ciego aún como todas las crías de pocos días, trepó hasta la cara de Carolee Schneemann y puso su boca contra la suya. Con sus finos y novísimos dientes comenzó a mordisquearle los labios, a introducir su lengua entre ellos. Este gesto, que se podría interpretar como la atolondrada búsqueda de alimento de los gatos recién nacidos, Cluny lo realizó no obstante durante toda su vida. De hecho, acostumbraba a despertar así diariamente a la artista, quien acabó por dejar una cámara preparada en la mesilla de noche para registrar esos besos matutinos. Ciento cuarenta de las fotos resultantes componen Infinity Kisses (1981-88), testimonio de esa rareza que es un gato que gusta de besar y ser besado en la boca. Las imágenes son sensuales hasta lo perturbador, ya que el rostro de Carolee Schneemann muestra algo más que el aturdimiento de quien acaba de despertar. Algo que se asemeja más a la rendida expresión de placer de una amante.

En la tópica relación entre mujeres y gatos siempre ha habido un no sé qué de erótico, de profundo disfrute sensual. Si ha habido un momento histórico en que esa cuestión se ha hecho más patente es durante la caza de brujas de inicios de la Edad Moderna. A las acusadas de brujería se les suponía una gran intimidad física con animales pequeños como sapos, búhos, liebres o, con mucha más frecuencia, gatos. Los inquisidores desnudaban a estas mujeres en busca de un tercer pezón, que en teoría servía para amamantar con la propia sangre a esos espíritus familiares con forma animal. Los besos entre Carolee Schneemann y Cluny habrían bastado en otra época para acusarla de mantener tratos con el diablo. Pero no hace falta retrotraerse tanto para que sobre una mujer recaiga otro tipo de condenas. Tras haber sido contratada en la década de los 90 como profesora por la Universidad Rutgers, esta institución decidió no renovar su contrato a pesar del éxito que sus clases tenían entre el alumnado. Schneemann sospechaba que el motivo había sido una instalación construida con sus alumnas, consistente en un dosel hecho de sábanas en apariencia ensangrentadas. Pero un compañero acabó confesándole la explicación no oficial: «Creemos que eres bruja».

Con una vitalidad semejante a la de ciertos herejes de épocas pasadas, los participantes en la performance Meat Joy (1964) se revuelcan casi desnudos entre papel, pescado, pintura, salchichas, pollo crudo. Hombres y mujeres se entregan con ganas a este ritual que oscila entre el éxtasis y lo humorístico, lo repugnante y lo placentero.

 

Infinity Kisses I de Carolee Schneemann
Infinity Kisses I

 

VESPER

Había sido raro ya una vez, y a pesar de ello sucedió de nuevo. Tras la muerte de Cluny, otro gato buscó de manera espontánea unir su boca con la de Carolee Schneemann. Vesper incluso se parecía físicamente a su predecesor, y, como él, fue objeto de una serie de fotos, Infinity Kisses II (1990-98). Fue asimismo la inspiración para una obra en colaboración con Victoria Vesna, Vesper’s Stampede to my Holy Mouth, así como para un ensayo homónimo en el que Schneemann explicaba lo que de erótico encontraba en la relación con su gato. Aquello le servía para reflexionar sobre otros temas como la violencia hacia las mujeres, la destrucción de los cultos a diosas y el paralelismo entre el rechazo hacia los gatos y la reprobación del clítoris durante la caza de brujas. Al igual que un tercer pezón, este apéndice esencial en el placer femenino podía llevar a una mujer a la hoguera si se estimaba que sobresalía en exceso o era demasiado grande. Aún hoy en día muchas mujeres africanas son acusadas de brujería, y las niñas continúan sufriendo la brutal mutilación de sus genitales.

Carolee Schneemann, bruja, brujísima, ha experimentado en varias ocasiones la versión civilizada de esta condena a la libertad sexual femenina. Los dibujos de desnudo que realizó como estudiante y en los que se usaba a sí misma como modelo fueron juzgados inapropiados por mostrar con toda claridad su clítoris, como sucedió más tarde con su serie de fotografías Eye Body (1963). Cada obra en la que Schneemann usaba sin tapujos su desnudez ponía en evidencia una tradición artística donde el cuerpo de la mujer es enajenado, presentado innumerables veces como objeto sexual pero en la que no puede ser sujeto sin escándalo.

Pero por insistente que sea la persecución a las brujas bajo sus distintas encarnaciones, Carolee Schneemann siempre ha estado dispuesta a devolver el golpe. En una de las obras esenciales del primer arte feminista, Interior Scroll (1975), la artista, desnuda y tras adoptar varias poses del dibujo académico, saca de su vagina una larga tira de papel, de la que va leyendo su personal acusación contra una sociedad patriarcal e hipócrita.

Interior Scroll de Carolee Schneemann
Momento de Interior Scroll

 

TREASURE

En medio de una conferencia Carolee Schneemann mostraba al público una serie de diapositivas sobre su trabajo. De repente, en la pantalla surgió la imagen de un gato muerto y con el hocico ensangrentado, uno de sus globos oculares sobresaliendo casi por completo de la cuenca. Los asistentes a la conferencia apartaron la vista entre diversos sonidos de sorpresa, pena y asco. Después de unos segundos de silencio, Schneemann prosiguió: «Esto es parte de mi necesidad de observar las cosas que no queremos ver. Ustedes pueden cerrar sus ojos, pero yo no».

El animal retratado de esa forma tan truculenta se llamaba Treasure. Schneemann encontró a este pequeño vagabundo como un verdadero tesoro, y él se entregó a ella sin las reservas de otros gatos con zonas intocables. Todo su cuerpecillo se abría a las caricias de Schneemann, a un contacto quizás no tan erótico como el compartido por Cluny o Vesper, pero no por ello menos intenso. Cuando un día Treasure murió atropellado por un coche, el dolor sentido por la artista se condensó en una instalación titulada More Wrong Things (2001). Los catorce monitores que la componen repasan un catálogo de desastres personales y públicos, unidos por una maraña de cables de aspecto hostil. Algo más lejos, se proyectan a gran tamaño diversas fotos de Treasure junto a Schneemann. La misma invitación para la presentación de esta obra en la galería White Box consistió en una foto del animal que Carolee Schneemann había encontrado por azar en un carrete, tiempo después del accidente. En la imagen, los ojos de Treasure están entrecerrados no se sabe si en un gesto somnoliento o de afecto, y sus garras parecen querer alcanzar el objetivo.

¿Era necesario en aquella conferencia mostrar la foto del gato ensangrentado? A la mayoría nos resultaría chocante siquiera fotografiar a la propia mascota cuando acaba de morir atropellada. Pero quizás esa sea la diferencia entre la perspectiva de ciertos artistas y la nuestra, y lo que de otro modo parecería una afirmación grandilocuente cobra sentido a la luz de lo que plantean obra a obra: «Ustedes pueden cerrar los ojos. Yo no”. Los gatos vuelven a ser el medio para que Carolee Schneemann nos arroje a la cara ciertos hechos desagradables en Caged Cats (2005). No los gatos con nombre que habían compartido con ella su vida, sino otros anónimos, enjaulados en China poco antes de su sacrificio. Comparten espacio en un ensamblaje fotográfico con vacas locas incineradas, bombardeos en Irak y Palestina e imágenes de prisioneros de guerra, y nos remiten de ese modo a un panorama más amplio donde el maltrato animal comparte raíces con otras violencias institucionalizadas. Para Scheemann no cabe duda de que las agresiones contra las mujeres y la crueldad hacia los animales son manifestaciones del mismo fenómeno. Por otro lado, la actual fascinación en internet por los gatos y los vídeos que protagonizan, de los que es una especie de pionera intelectual, es para Schneemann el síntoma de una incipiente revolución feminista, «un alejamiento de la insistencia en que la única mascota adecuada es el perro, receptivo, obediente y feliz. El gato, como la sexualidad femenina, siempre ha ocupado el lugar de lo impredecible, lo incontrolable». Sigamos, entonces, viendo vídeos, muchos vídeos de gatos.

 

Treasure junto a Carolee Schneemann
Treasure junto a Carolee Schneemann

 

LA NIÑA

La palabra inglesa «pussy» designa tanto a un gato como, de manera vulgar, a los genitales femeninos. La sospecha de Carolee Schneemann de que a mujer y felino los hermana el desprecio machista tiene más sentido si consideramos que con ese vocablo se menosprecia a los hombres que no encajan en el ideal testosterónico de varón, los que son vistos como afeminados, blandos, cobardes. Schneemann toma ese término y le devuelve la cualidad sagrada a la pareja coño-gato en su performance Mysteries of the Pussies (1998-2010). En el vídeo que documenta la acción vemos a la artista junto a Teija Lammi, bibliotecaria del Museo de Arte de Pori (Finlandia). Ambas se acercan y se separan, se tocan y se besan, en reacción a fotos de los gatos de Schneemann, quien al mismo tiempo lee un texto acerca de la violencia de género.

De la niña que escenificaba sus ritos paganos en Fox Chase a la mujer que vive actualmente en New Paltz, Nueva York, han transcurrido unos setenta años. La obra de Carolee Schneemann comienza a ser reconocida como merece, y ella es consciente de ese mecanismo que la hermana con otras artistas: cuántas veces a una mujer no se le hace caso hasta que ya no se la considera atractiva físicamente, cuando no queda más remedio que fijarse en su trabajo. Tal vez por eso se presta más atención a sus obras con trasfondo político, trabajos donde captura el amenazante zumbido del mundo al moverse. Es el caso de Precarious (2009), que muestra a animales y personas bailando en jaulas reales o superpuestas a sus movimientos. El cuerpo mismo puede convertirse en una jaula. Hace un par de años, al subir al estrado para dar una conferencia, Carolee Schneemann resbaló y se fracturó la cadera, lo que la obliga, ya curada, a moverse con más lentitud y cuidado. Afirma sentirse como si por dentro tuviera 36 años, lo que hace que la vejez y la amenaza de la muerte sean algo frustrante. Hay tantas cosas por hacer, tantas obras que alumbrar y palabras que escribir, tantos gatos a los que conocer. Recientemente una periodista le preguntó a Schneemann por su felino actual. Su rostro se iluminó al hablar de La Niña, de lo inteligente y segura de sí misma que es. En cuanto a las nuevas generaciones de artistas, ¿tiene Carolee Schneemann algún consejo? «Yo recomendaría mejor hacerse activista», contesta con honestidad y algo de urgencia, «estamos a punto de hacer saltar por los aires todo lo que ha hecho que nuestra historia avance. Es tiempo de resistir».

 

 

Imagen destacada: Kitch nos mira desde un fotograma de Fuses.
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